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Esta semana que iniciamos, termina el verano. Y entre finales de junio y finales de agosto, más de 1.600 niños y niñas de las comarcas de nuestra Diócesis de Urgell habrán pasado unos días de colonias, centros y campamentos con sus Centros de Esplai, acompañados por unos 250 monitores. Y en toda Cataluña habrán sido 20.040 los niños beneficiados, de los 182 centros de esplai del Moviment de Centres d’Esplai Cristians Catalans(MCECC) que existen en las diez Diócesis con sede en Cataluña. Están presentes en 87 municipios del país, formando parte de nuestra realidad cotidiana e influyendo en la infancia de muchas personas, en el momento en que se forjan los valores más sólidos, que en el caso del MCECC son los del humanismo integral cristiano.

Estos centros de esplai son posible gracias a la implicación generosa y entusiasta de 3.500 monitores que hacen de la educación una de sus opciones vitales de juventud. Son jóvenes que en el MCECC optan por el esplai y esto se traduce en servicio a la educación de los niños, adolescentes y jóvenes, por causa del Evangelio, por el país, por el voluntariado, por la formación de los monitores y por la atención a los más débiles. Se hace realidad el bello eslogan: "¡En colonias, el verano es diferente!"

Es bueno no perder de vista las razones que mueven el trabajo educativo de nuestros monitores voluntarios y de nuestros centros de esplai y tandas de colonias:
  1. Adquirir valores y competencias como el entusiasmo, la alegría, la creatividad, el trabajo en equipo, la participación, la sostenibilidad, el espíritu crítico, el autoaprendizaje, el descubrimiento, etc.
  2. Beneficiarse de una propuesta educativa enriquecedora.
  3. Conocer las tradiciones, la cultura popular, el arraigo en el entorno y en el país.
  4. Descubrir la naturaleza, disfrutar de nuevos paisajes y adquirir el respeto por el medio ambiente.
  5. Formar parte de entidades y proyectos que se convierten en espacios inclusivos de libertad y de igualdad de oportunidades, y en los que se cuida a los más vulnerables.
  6. Disfrutar de la experiencia de conocer nuevas personas y hacer nuevos y buenos amigos y amigas.
  7. Participar en un ámbito lúdico y diferente de encuentro entre pequeños, jóvenes y adultos, donde cada uno es amado por lo que es.
  8. Encontrar un ambiente donde se vive con naturalidad la dimensión trascendente y sagrada de la vida y donde son propiciadas experiencias que desvelen la espiritualidad en general y la cristiana en concreto.
  9. Hacer experiencia de un marco de relación y un entorno saludable basado en el respeto, la tolerancia, la responsabilidad, el compromiso, la acogida y el valor único de cada persona.
  10. Vivir experiencias nuevas, divertidas y enriquecedoras que benefician la autonomía personal y el espíritu de servicio.
Todos los niños, independientemente de su situación social y económica, tienen la posibilidad de participar en las colonias. Hay campañas de becas, gracias a la gestión de los centros de esplai, parroquias y entidades como la Fundació Pere Tarrés, y muchos nos ayudan con sus aportaciones desinteresadas. Nos debe hacer felices que, sólo este verano, más de 4.000 niños y niñas en riesgo de exclusión social han podido disfrutar de unas vacaciones en la naturaleza llenas de sentido y acompañados de unos monitores responsables.